viernes, 23 de febrero de 2007

Relato corto: Lubián


Aquí os dejo el primero de una serie de cuentos. Espero vuestros comentarios, que os guste.

Lubián

Las lágrimas corrían por las mejillas de la madre de Lubián. Su padre ni siquiera había querido despedirse de él. Lo entendía. El viejo se negaba aceptar que su hijo partiera en busca de su sueño. Guárdate de tus fantasías Lubián, o te perderán, le advirtió su madre con el conocimiento que daba la experiencia.

El conocía las leyendas de sus antepasados. Sabía que muchos jóvenes dejaron atrás a sus familias, a sus tribus por una quimera inalcanzable. Nunca habían regresado. Sin embargo, Lubián confiaba en su inteligencia, en su fuerza para triunfar donde sus antecesores habían fracasado.

Fue recorriendo un sendero que bajaba desde la montaña hasta el valle próximo, era un camino que había sido horadado por el paso de su tribu durante siglos.

Entonces vio la enorme y encorvada figura de Uncas, el chamán. El gris, como se le conocía en la tribu, había guiado a los suyos desde antes que naciera su abuelo. El gris era el más longevo que habían conocido nunca, según el consejo de ancianos. Uncas había estudiado la posición de las estrellas y lideraba a su pueblo cuando emigraban a nuevas tierras.

—Lubián, joven y alocado Lubián… —susurró, sin moverse un ápice, sentado, aguardando que el joven se le acercara.

—Maestro, ¿qué hacéis aquí? —preguntó.

—Intentar convencerte de que desistas de tu búsqueda.

—Lo siento, maestro, pero estoy decidido a continuar.

—¡Empecinado muchacho! ¿No te das cuenta que más allá de lo que crees no hay nada? ¿No te das cuenta de tu imprudencia? —continuó sin elevar una octava la voz—. ¿Qué te hace pensar que tú lograras la victoria?

—Mi convencimiento es fuerte, maestro, debo seguirlo. ¿No fue eso lo que me enseñasteis?

—¡Vaya! Entonces mis lecciones no fueron espurias si las utilizas para quitarme la razón. No puedo forzarte a regresar, eres fuerte, valiente, lo suficiente como para cuidar de ti mismo. Pero yerras desde el principio en tu aventura sin haberla comenzado.

—Gracias por vuestros sabios consejos, maestro. Tengo que partir.

—Marcha pues, sin mi bendición, hijo.

Lubián superó al venerable gris y reanudó su descenso. A su espalda escuchó el quejido susurrante de Uncas:

—Hubieras sido un excelente guía para tu pueblo…

La hojarasca seca crujió ante su paso. El joven corría, sin parar, el cansancio no minaba su fuerza, no sentía las agudas espinas con las que tropezaba, el dolor era soportable. El resultado bien valdría el sacrificio. Ella.

No pares, Lubián, corre, se dijo. No cejó en su empeño. Subió montañas y descendió a los valles. Trepó riscos de afiladas rocas y atravesó arroyos de heladas aguas. Buscaba su ilusión, mas no aparecía. El tesoro de su alegría no se revelaba.

Exhausto, se frenó, no aguantaba más. Decidió procurarse comida. En aquel monte de bosque bajo habría abundancia de liebres, aunque no eran su bocado favorito, mejor aquello que nada. Pronto encontró varias hendiduras en la tierra que sin duda eran huras de toda una familia de roedores. Sólo tenía que aguardar. El frescor de la hierba le reconfortó y le relajó, tanto, que casi se quedó dormido. Reaccionó cuando se topó de frente con el asustado hocico de una liebre de piel parda y grandes orejas.

La pobre liebre finalizó sus días de correrías y brincos en el estómago de Lubián. Con la tripa repleta, se tendió a dormir aliviado por el descanso, con el suave brillo de las estrellas y la infinita oscuridad de la noche.

Una especie de calor, un fulgor chocó contra sus párpados, obligando a sus ambarinos ojos a abrirse. Era ella. Sí, su amada que venía a cuidar de Lubián, para que tuviera los mejores sueños. Su amante de ovalado rostro, de pálida piel y deslumbrante mirada. Su dama, la más bella, la princesa de las leyendas, la más dulce que nadie pudiera soñar. Le mecía con su arrullo cariñoso, le llenaba con su resplandor que se le reflejaba en los ojos.

La dama le susurraba al oído palabras de amor, le alentaba a encontrarla, a unirse a ella, a viajar hasta los confines del mundo para atraparla. Con su cariño le infundía a Lubián el valor necesario para que dejara atrás cuanto antes su tierra, a los seres que quería, a su pueblo, a sus familiares, a sus amigos, a su maestro…

Justo en el instante que más disfrutaba de las atenciones, de las caricias, de los mimos de su dama, se fue, se esfumó. No volvió a mostrarse. Había abandonado a Lubián sin despedirse. Ni tan siquiera un escueto adiós o un prometedor hasta luego.

Amanecía. Sin rastro de su pretendida. Las lágrimas de Lubián se vertieron hasta las entrañas del monte. Dejó a su espalda aquellas colinas y continuó la búsqueda de su amada. Las gotas saladas que habían saciado la sed de la seca tierra, se transformaron en semillas transparentes, de las que brotaron acacias, frágiles como el cristal, que a su vez dieron diamantes con forma de lágrima como frutos.

La lluvia azotaba, oblicua y agresiva, árboles, rocas y a cualquier criatura que se atreviese a encararse con ella. Las gotas empapaban a Lubián hasta los huesos. Alzó la vista. Oscuros nubarrones empedraban el cielo, resonando los truenos, como una pelea de titanes. Si no hallaba un lugar en el que ponerse a cubierto, enfermaría. Sucio de barro, soñoliento y avanzando apático, descubrió, más por azar que por instinto, un agujero entre las rocas. Se internó en él y comprobó que era apropiado para guarecerse de la tormenta.

—¿También buscas cobijo? —inquirió una voz gutural. Enseguida observó una pareja de brillantes ojos que surgieron de las profundidades de la oquedad—. Tranquilo. No te asustes. No hay nada que temer —salió desde la penumbra y una forma se dibujó—. Mi nombre es Oona.

Lubián vaciló un momento, pero el extraño irradiaba un halo de confianza y familiaridad. Dio un paso al frente.

—Yo soy Lubián.

—Ese nombre no se escucha mucho por estos parajes.

—No pertenezco a estas tierras. Provengo de las frías montañas, de la tribu conducida por Uncas el gris.

—¿Uncas? Conozco ese nombre.

—¿Hasta los valles llega la sabiduría de mi maestro? —preguntó sorprendido.

—Sí, su fama se extiende más allá del gran río. Muchacho, has gozado de un gran privilegio creciendo bajo el amparo del gran gris.

—Es cierto. Uncas siempre ha guiado con tino a los nuestros. Sus consejos se han mostrado acertados.

Lubián comprobó que Oona no era peligroso, entablaron rápido amistad y en la negrura canturrearon juntos antiguas historias de cada una de sus tribus, hasta que cerraron los ojos, vencidos por el agotamiento de una dura jornada.

A la mañana siguiente Oona no se encontraba en la cueva. Los rayos del sol terminaron de desperezarlo. Salió de la gruta, el suelo aún húmedo, pero no había nubes en el firmamento.

Lubián reemprendió su aventura, sin cesar de caminar, pateando por la suave espesura, que se aplastaba con un cálido murmullo bajo su peso.

El bosque se abrió delante de él en un torrente de cristalina agua. Discurría revoltosa, quebrándose en caprichosos giros. Bebió agua, el transparente líquido le renovó, expulsó al exterior su inquietud y su miedo, infundiéndole una nueva chispa. El bienestar que recorrió su fatigado cuerpo le animó a sumergirse en la corriente. El fluido le cubrió por completo y el helador frío de la montaña le despejó, endureció sus músculos y agilizó su mente.

La senda se tornaba franca, sin obstáculos. Agradeció para sí el beneplácito de la madre tierra con una de las oraciones que le había enseñado su maestro.

La noche se le echó encima, portando buenas nuevas, ya que su dama le observaba desde las alturas. Lubián ascendió a una colina con el fin de verla mejor. Acércate, le pedía. Lubián le declaró su amor, le cantó alabanzas e hizo promesas de enamorado.

Una aguda punzada le atravesó el corazón, postrándole para siempre. Había sido engañado, traicionado. Las leyendas eran ciertas. Su maestro y su madre tenían razón.

—Buen disparo. ¡Le has dado a la primera! —felicitó un hombre a su compañero, estaba pertrechado con ropas de abrigo oscuras y portaba un rifle en la mano.

—Sí, un tiro fácil. Dicen que enloquecen con la luna llena, por eso le aullan —afirmó el otro cazador, el arma aún humeaba.

—¡Mira allí! —señaló—. ¡Otro lobo!

—¡Un lobo gris! —se echó el fusil a la cara—. ¿ Cuánto nos pagarían por una piel como esa?

—¡Eh! No quiero problemas con los forestales. Teníamos permiso para abatir un lobo por lo que le hicieron al ganado. Nada más.

—De acuerdo, vamos a recoger nuestra pieza entonces.

Cuenta la leyenda que la sangre vertida del enamorado se transformó en piedra, de las piedras surgieron gemas, que fueron encontradas y talladas por hombres para ornar los cuerpos de sus mujeres. Los amantes se juran amor eterno en aquel lugar del bosque, que desde entonces es conocido como la Peña de Lubián.

© Alejandro Guardiola 2007



lunes, 12 de febrero de 2007

Arctic Monkeys - I Bet You Look Good On The Dancefloor

Hoy que me siento generoso, dos raciones de los Monos del Ártico.

Arctic Monkeys - A view from the afternoon

Bueno, aquí tenéis una muestra de la nueva sección de música. La inicio con los Arctic Monkeys y su View from the Afternoon. Que os guste.

miércoles, 7 de febrero de 2007

Daredevil, el hombre sin miedo (1)

Así reza la cabecera de uno de los tebeos con los que más estoy disfrutando en los últimos meses. Conoceréis la historia del personaje, y si no yo os hago un pequeño resumen. Matt Murdock sufrió un accidente con residuos nucleares que le causaron una ceguera, pero al mismo tiempo multiplicaron sus otros sentidos hasta un nivel super humano. Resultado, con entrenamiento en artes marciales, el bueno de Matthew se convirtió en Daredevil, justiciero vestido de rojo que lucha contra el crimen en el barrio neoyorquino de la cocina del infierno.

Daredevil siempre ha sido uno de los iconos de la Marvel, aunque un peldaño por debajo de Spiderman, La Patrulla X, Los Vengadores o el mismo Lobezno en solitario. El cuernecitos ha contado con artistas de la talla de Frank Miller, Ann Nocenti, Bill Sienckiewicz, John Romita Jr. o Klaus Janson pergeñando sus historias, en sagas y arcos argumentales míticos, que los aficionados califican de obras de arte dentro del género. No, no hablaré de ellos, pues bastante se ha dicho y escrito ya.

Quiero comentar la etapa del guionista Brian Michael Bendis y del dibujante Alex Maleev que finalizó el mes pasado en el número 81 americano. Sí, queridos fans de Bendis, se terminó. Una etapa plagada de fenomenales episodios, situaciones increíbles en las que nunca esperábamos ver al protagonista. Bendis ha manejado el destino del superhéroe con maestría, poniéndole en situaciones inusuales, controvertidas y difíciles. Entre todas ellas, que un periódico publique su identidad secreta, el personaje reacciona demandando al diario, iniciándose una persecución al hombre por los medios para intentar captar unas imágenes de Murdock como el diablo rojo.

Bendis le ha dado un mayor categoría a la franquicia, situándola entre los tebeos de mayor calidad. Lo curioso es que en muchos episodios, Matt Murdock ni siquiera se viste el traje de Daredevil. Cada 24 páginas de Bendis deseabas que llegara el mes siguiente para continuar leyendo. El curioso y oscuro dibujo de Alex Maleev se ha complementado a la perfección con la narración del guionista. Bendis prácticamente le ha dado a la serie un halo de género negro, casi policíaco (recordemos sus episodios de Sam y Twitch para Image), alejándose un poco del manido comic de tipos superpoderosos que no hacen más que pegarse de tortas con los cutres villanos habituales.

Os recomiendo que lo pidáis prestado a algún colega (si no lo tenéis) y que lo leáis. Ya comentaré más sobre este guionista.
Adiós Brian Bendis, bienvenido Ed Brubaker.

domingo, 4 de febrero de 2007

Mis Autores Favoritos: Tobías Grumm


Hola, inicio sección con una crítica sobre Nicho de Reyes que colgué originalmente en www.sedice.com en el foro Rincón del Autor. Que os guste.

Crítica Nicho de Reyes

Mi primera impresión general sobre la novela, es que se trata de una historia muy ambiciosa, de la que estoy aguardando impaciente su segunda parte, ya que he disfrutado mucho con la primera.
Sin embargo, tiene sus peros, y desde mi modesta opinión intentaré reseñarlos.
El prólogo, es muy denso, en el sentido que se ofrece mucha información con la intención de poner en antecedentes al lector, aunque lo que consiguió fue confundirme. En lugar de abrumar con tantos datos, genealogías, guerras, se podrían dejar caer todos esos detalles y acontecimientos a lo largo de la historia. Es decir, comprendí mucho mejor quién era hijo de quién y sus pormenores durante el transcurso de la novela que en el mismo prólogo.
En cuanto a la primera parte, en especial en los cuatro primeros capítulos, se interrumpe la acción con la narración en varios casos. Dos ejemplos: en el Capítulo 1, la descripción de los aposentos de Elvor y la posterior descripción física de Ikra, suponen unos soberbios ejercicios descriptivos, aunque a costa de frenar en demasía la acción. El segundo, es la llegada de Sir Yavin a las puertas de Galador y la explicación del escudo de Abisinia: impresionante, las razones de cada uno de los motivos que lo forman. Sin embargo, perjudica al desarrollo de la acción, ya que se ralentiza mucho. Me distraigo tanto con el escudo que no recuerdo qué era lo que hacía Sir Yavin ni por qué estaba a las puertas de la ciudad.
En el capítulo cuarto cabe reseñar la fenomenal narración de la transformación de uno de los personajes, muy logrado.
En general, durante los primeros capítulos la narración es lenta, cosa que se arregla a partir del 5º, en el que la historia comienza a fluir sin interrupciones ni pausas, aquí es donde me ganaste, porque me enganché. Me agradó en particular la historia personal de Sir Yavin. En este punto de inflexión la historia crece en ritmo y en personalidad. Así como también crecen sus personajes, que tienen que tomar decisiones sobre su futuro inmediato en pocos minutos. La narración se torna menos densa y farragosa, y avanza con mano firme hasta su cenit.
Gran trabajo en cuanto a la caracterización de los personajes principales. Mostrando un manejo magistral del lenguaje en el vocabulario de las partes de las armaduras, las armas, las sillas de montar, yelmos… Creedme y si no, leedlo.
Quizás me haya extendido más con la primera parte, pero en cambio sobre la segunda, pocas cosas hay que decir.
La acción discurre sin entretenimientos, se mantiene al lector expectante sobre lo que se encontrará al pasar la página.
Me gusta en especial el barco, que constituye por sí mismo un personaje más. También destaco las descripciones de los miembros de la tripulación. ¡Tobías describe con pormenores a cada uno de los marineros! ¿Cuántos son? ¿Veinte, treinta personajes? Me descubro ante tamaño trabajo.
En adelante, la historia camina hacia un final inesperado, que mantiene el suspense, invitándonos a leer nuevas aventuras en el siguiente volumen de la saga.

Conclusión: primero, y como factor negativo, encontré numerosas erratas, además de expresiones que en castellano no suenan bien del todo, y que (supongo), serán calcos del valenciano.
Segundo, me agradó el tratamiento que se le da a la magia.
Tercero, gran caracterización de los personajes, tanto en las descripciones físicas como en sus motivaciones. Cada uno de ellos construye la historia y no al revés.
Cuarto, a pesar del lento comienzo, se soluciona más adelante, extendiéndose la historia, que te atrapa y no puedes dejarla.
En definitiva, aunque existen algunos puntos a mejorar (nombres de los personajes y toponimia), se sobrepone la maestría de la historia narrada.

La bonita edición y las ilustraciones de M. Calderón son estupendas. Enhorabuena, Tobías. Has parido un libro excelente.

© Alejandro Guardiola 2006


viernes, 2 de febrero de 2007

Hola amiguitos y amiguitas!!!

Pues sí, a fecha de hoy (tan buena como cualquier otra), estreno blog. Aquí habrá cabida para todo: música, cómics, libros, concursos, críticas, reseñas, videos, anécdotas... En definitiva, cualquier cosa que me pase por la cabeza y piense que puede resultarle interesante a alguien.
Perdón, me presentaré. Mi nombre es Alejandro Guardiola, escribo y además enseño inglés a adolescentes, porque de momento lo de escribir no da para comer.
Disfrutad que hoy es viernes.
Un saludo.